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domingo, 9 de diciembre de 2012

Y que nos quede hoy...


He dormido dos horas largas llenas de sueños revueltos y una cama tan vacía que me he despertado pensando en ti. No puedo dormir, no con esa sonrisa tonta que me asoma a los labios ni con los latidos acelerados al pensar en el calor de tus abrazos y ese dulce aroma al perderme entre tus cabellos.

Nos falta tiempo, sí, y es que vivimos de minutos robados, viviendo un deseo y sueño que debería haber empezado mucho antes, o quizá algo que la vida nos deparaba para después… Pero mañana no se sabe y hoy es  hoy; hoy te tengo aquí, hoy solo nos separa el raciocinio y el miedo de lo que sintamos después, pero hoy…

Y anoche volví con un poema en los labios, uno que tantas veces he escuchado y que nos describe a la perfección: 

"Te quiero,
así de pronto,
así de tonto…
pero te quiero.

Te quiero,
así de claro,
así de raro…
pero te quiero.

Te quiero,
así de burdo,
así de absurdo…
pero te quiero

Pero esta noche la tristeza obliga,
más que la amante,
quiero a la amiga.
Más que tu pan,
quiero tu miga."

Claro que yo cambiaría "tristeza" por "tiempo", ya que lo único que nos falta es tiempo… Pero también es lo único que nos sobra…

Y es que aunque los "te quiero" del poema puedan parecer demasiado serios para el poco tiempo que nos hemos visto… ¿No es acaso la palabra que mejor describe lo que sentimos?

Sí, es cierto, somos dos desconocidos de la mano, dos desconocidos que comparten sonrisas y sueños, dos desconocidos que… que besarían al otro porque en el poco tiempo que hemos convivido, por lo poco que sabemos el uno del otro, nos queremos, aunque sea en ese desconocimiento y por esa fe loca de pensar "sí, él es lo que busco; ella es lo que sueño".

Y es que, ya que vivimos de tiempo robado, ya que tenemos apenas tiempo… ¿Por qué no aprovecharlo? Y es que me arden los labios cada vez que pienso en ti, y siento las manos frías si tus dedos no acarician los míos. Sé que suena egoísta, pero es del poco egoísmo que me permito habitualmente y el que, en el fondo, tú también quieres que busque… Porque esos besos de despedida fueron demasiado cerca de mis labios, porque tú también querías que nuestras manos siguieran buscándose hasta en el último segundo, porque en el fondo quieres que este loco aventurero, completamente enamorado de las pocas facetas que conoce de tu persona, te busque y persiga ese sueño loco y complicado. Y yo quiero ser ese Don Quixote, aunque me estrelle contra los molinos, que sale en busca de lo que cree, en busca sus sueños...

Y es que eres eso, mi sueño y deseo, pero uno del que no he despertado y uno que no me deja dormir por la fuerza y energía que me da, por las ganas de seguir buscándolo y saboreando cada instante. Y es que tanto racional como irracionalmente es algo que ambos queremos que pase, porque no somos solo amigos, el no besarnos no cambiará jamás eso.

¿Y el riesgo? Para mi el riesgo es no besarte, que se nos agote el tiempo dándole vueltas a todo esto sin decidirnos, solo por el miedo a sentir… Pero al fin y al cabo la vida son eso, sueños, sensaciones y deseos, y ahora mismo lo que quiero es sentirte, porque ya te sueño y deseo. Así que vivamos, arriesguémonos a sentir y ser felices… y es que ya dijo Neruda que la vida es ese riesgo dulce y aterrador que tomamos cada vez que perseguimos nuestros sueños:

"muere lentamente quien no se arriesga, quien abandona antes de empezar, quien se queja de su mala suerte, quien no viaja, ni lee, quien no sueña ni persigue sus sueños, quien no confía, quien no lo intenta..."

martes, 7 de agosto de 2012

Conversaciones robadas



Hablemos del tiempo, de ese calorcillo dorado que recorre tu cuerpo mientras tomas el sol al lado de la piscina, y de esa brisa de viento que se arremolina entre tus cabellos cuando caminas por Madrid, o de esas tormentas de verano, inesperadas, que se cuelan en una tarde soleada removiendo las hojas de los árboles y llenando el cielo de luz y color.

Hablemos de astronomía, y de esa luna blanca y enorme que nos observa desde el cielo, de las mil constelaciones que lo adornan recordándonos que, por muy alejados que estemos de nuestro camino, seguimos lo suficientemente cerca para verlas. Y los deseos pedidos mil veces en esas lluvias de estrellas que dándose por perdidos nos sorprendieron un día como de milagro.

Y de la magia y el tarot, del esoterismo, y de ese sino implacable que mil veces nos arrastró; recordemos las cartas y jugadas, el arcano mayor y menor y ese destino jamás forjado y la oportunidad de cambio que hasta el arcano número trece, la carta de La Muerte, nos proporciona.

Recordemos esas implacables negativas y rotundas respuestas que, con astucia y tesón cambiamos favorablemente, recordemos los imposibles que forman parte de nuestra vida y que antes siquiera imaginábamos.

Y esos amores que nos embelesaron y olvidamos, o los que aún nos siguen atormentando, recordemos cada paso y caída y aprendamos para construir con buenos cimientos los que está llegando o aún no hemos visto.

Y de olvidarte de destinos, que correr sea el camino y la compañía la única razón para quedar. Hablemos de esos planes espontáneos y planeados, de coger el coche sin destino o pedalear diez kilómetros más cuando solo buscabas dar un pequeño paseo en bici. Recordemos que esos planes son solo excusas para ver a quien queremos, excusas para pasarlo bien, y que aunque apuntemos al norte, no existe camino, solo mar.

Y antes de despedirnos hablemos de la soledad, de las pequeñas pesadillas a las que nos enfrentamos con o sin nuestros peluches protectores, de las camas vacías y las noches en vela, y de como en una noche cualquiera, por primera vez, hubo alguien que compartiera contigo un abrazo o caricia tranquilizadora, o su peluche para protegerte, y como esa vida que empiezas a reparar con cinta americana y pegamento, se vuelve mil veces más fuerte por la gente con quien la reconstruyes.

jueves, 19 de julio de 2012

Necesito...


Mirarte a la cara y decirte que eres lo más hermoso que he visto nunca.

Perderme más a menudo en tu mirada disfrutando de cada gesto de tu sonrisa.

Recuperar el tiempo perdido.

No comerme la cabeza con quizás y aprender que, muchas veces, no hay nada como soñar despierto.

Y vivir esos sueños, que no se queden en la cama.

Ser sincero sabiendo que hace tiempo que no estoy solo y que debo empezar a pensar en "nosotros" y ya no en "tú" y "yo".

Dejar de idealizar el mundo y trabajar en él, cambiarlo, aprendiendo de él sin que me cambie.

Buscar tus abrazos y cada roce perdido; tus sueños y silencios y esas horas en las que basta con la compañía y en la que sigues creciendo, estudiando y aprendiendo, moviéndote en el mundo por tu cuenta sin olvidar que estamos para cuidarnos las espaldas.

Y aceptar el pasado, saber que no se puede cambiar lo vivido y abrir caminos nuevos con nuevas experiencias; respirar. Y todo esto sin olvidar que aunque el pasado ya ha sido, la gente no deja de crecer, no deja de cambiar, y salvar esos "te quiero" no dichos y compartidos.

Y dejar de llenar mis maletas de "por si acasos", y encontrar hueco para nuevas experiencias y personas, para lo que realmente valoras, para lo que de verdad voy a necesitar. Y es que vale más una mochila ligera con la que caminar deprisa que una maleta que te ate, perdiendo oportunidades.

Dejar de perder el tiempo con nimiedades y empezar a costruir mi vida, olvidarme de laberintos y noches sin luna y utilizar mi propio fuego para decidir el camino.

Disfrutar ese camino y no solo la meta, y que mi propia curiosidad me lleve a encontrar la belleza en el mundo.

Y no atarme a mis propios dogmatismos por muy razonados que sean; y es que la vida cambia tanto que lo que antes era negro ahora es gris.

Necesito...

Necesito dejarme de pajas mentales y buscarte, luchar por cada roce y caricia, por que haya más que un roce de nuestros labios y cuatro palabras bonitas, porque la próxima vez que nos encontramos y me tapes los ojos preguntándome por tu nombre, sepa callar y besarte, olvidarme de formalismos y lanzarme jugando todas las cartas en ese sueño. Necesito luchar por ti, Mujer de Ojos Negros, y poder decir, incluso en el peor de los casos, que di todo de mí y supe enfrentarme al miedo y caos que son mis emociones, que no quedó en mí.

martes, 21 de febrero de 2012

Bouvier




Albacete... si me hubiesen propuesto ir a Albacete hace veinticuatro horas, seguramente habría dicho que allí no se me había perdido nada, y sin embargo hoy me encontraba en Atocha esperando a que llegase el tren. Tenía frío y sueño y aún llevaba algo de alcohol de la noche anterior. Quería cama, las persianas bajadas y arrebujarme entre las sábanas debajo de mi enorme edredón, pero no, mi hermano tenía que perder las llaves del coche y hacerme coger el primer tren hacia un pueblo en medio de la nada… bueno, no era un pueblo, pero entre el cabreo y el sueño, una ciudad tan pequeña era para mí un pueblo… ¿o era realmente un pueblo? En fin.

El tren llegó a tiempo haciendo chirriar los raíles al frenar, en el fondo me hacía gracia coger un tren así a lo loco y en secreto, era como una pequeña aventura ligeramente surrealista, además de que en el fondo los trenes tenían su encanto. Quitando el metro y algún que otro cercanías, solo había viajado en tren para visitar a mi tía, pero es la primera vez que viajaba completamente solo.

Hay una gran diferencia entre viajar en tren o en avión, acostumbrado a las horas de espera y todos los controles antes de poder subir, sentí que todo era demasiado fácil. Billete, DNI y a buscar vagón, nada de quitarse los zapatos o vaciar la mochila de líquidos u objetos punzantes. Caminé despacio buscando el vagón mientras la gente me adelantaba. Me gustaba esa sensación de espectador al ver como la gente, en su día a día, tomaba el tren como algo habitual, casi podía sentir el lápiz llamándome para dibujar ese momento, con cien personas diferentes caminando hacia su destino, el morro el tren a la izquierda y la estación como marco mirando todo el lateral del tren.

Sin darme cuenta me quedé parado, quieto intentando memorizar cada detalle del paisaje. Me llamó la atención cierta pelirroja, me encantó esa bufanda enorme tejida a mano, gris y con flecos, que llevaba enrollada sobre el abrigo dando mil vueltas hasta taparle la nariz. Me pareció monísima, con esos ojos verdes chispeantes y las pequillas salpicándole el puente de la nariz. La vi dos segundos, pero intenté quedarme con su abrigo negro, los vaqueros azul celeste, las botas negras y como le asomaban las mangas de una camiseta gris por debajo de las de la chaqueta. Era básico, muy básico, pero si conseguía recordar eso, podría describirla luego.

No creo en el destino, creo que somos libres de tomar nuestras decisiones y que el futuro aún está por determinar, pero la experiencia me ha enseñado demasiado como para creer que este mundo solo hay casualidades. Creo en las coincidencias, en que nuestra voluntad y fe afecta a nuestro día a día, que el mundo es una gran corriente de sueños y deseos y es nuestra voluntad la que decide si la seguimos o luchamos contra ella; por eso creo que encontrármela fue una coincidencia, ni puro azar ni un deseo divino, casualidad.

La vi de perfil, luchando con su maleta para ponerla en el portaequipajes. Era preciosa, tenía las mejillas ligeramente encendidas y el ceño fruncido mientras luchaba contra la gravedad y el tamaño de su maleta. Me encantó la sorpresa en sus ojos cuando, en dos movimientos, encajé la maleta en el portaequipajes. "Gracias", susurró, "De nada", le contesté. No suelo ser tímido, y normalmente habría buscado una frase ingeniosa como respuesta, pero el lápiz me llamaba demasiado, me quemaba buscando pintar esos ojos de esmeralda, y esa sonrisa juguetona de labios rosados.

A las nueve y veinticinco salió el tren, perfectamente puntual, despertándome del embrujo de ese fuego verde. Ella fue a su asiento, sacando el ipod y desenrollando los cascos con dedos ágiles. Tomé mi billete, me tocaba pasillo; busqué con mi mirada el número de asiento y la casualidad me devolvió a su lado. Otro cruce de sonrisas, mi mochila en el portaequipajes y el cuaderno de bocetos listo para ser estrenado. A pesar del traqueteo del tren podía distinguir la voz de Cobain sonando por sus cascos.

Intenté concentrarme en la estación, en las vigas vistas del techo y el juego de luces de la mañana. Una niño pequeño caminando a lo lejos, de espalda cogido de la mano de su madre, y un hombre con traje y portafolios. Y sin darme cuenta empecé a esbozarla, esos vaqueros de color azul celeste ceñidos a sus piernas largas y esbeltas. Me recreé en los mechones sueltos de su cabello que escapaban rebeldes de la bufanda, y en la textura de esta, cálida, acogedora… Y es que en el fondo quería dibujarla a ella, el lápiz me lo pedía a gritos; me giré para ver si me veía, si se daría cuenta, la pillé mirando el paisaje, con los cascos ocultos por el cabello.

Cambié de hoja y dibujé la ventana y el borde del asiento, una silueta en sombra recreaba su postura, recostada y con la cabeza apoyada contra el borde de la ventana; su mano izquierda sujetando el ipod, la derecha mesando su melena pelirroja. Me encantaron sus piernas, sensualmente cruzadas y marcando el ritmo de "Smell like a teen Spirit". Dibujé sus botas, la suela y el tacón castaños en contraste con el cuero negro, y los ojales dorados brillantes como único adorno. Tenía estilo, me encantaba la sensualidad del conjunto, toques rockeros sencillos y la dulzura propia aportaba la bufanda. Salté de folio y me centré en esa camiseta gris de mangas largas que se veía debajo de la chaqueta abierta. Además de los bordes ligeramente más oscuros, solo se veía el centro, una bandera de Inglaterra desteñida tapada ligeramente por la caída de la bufanda que, entre doblez y pliegue rodeando el cuello, le llegaba hasta medio muslo.

No sé cuánto tiempo la llevaba dibujando, habían sonado ya varias canciones y con cada cambio de melodía sentía que se agotaba el tiempo. Cerré el cuaderno, con miedo a que me pillara. No estaba dormida, pues aunque ahora estaba con los ojos cerrados, seguía marcando el ritmo con el pie derecho. Tenía algo especial esta chica, y no solo por la naturalidad de su sonrisa o esas curvas sensuales entre las que me perdía evitando que me pillara. Era paz, el sentimiento tranquilo en cada gesto y esa naturalidad propia de quien se encuentra solo, por eso era imposible no perderse en la alegría de sus sonrisas.

Retomé el lápiz y una nueva hoja en blanco, esta vez sacando el boceto de memoria. Cerré los ojos dos segundos recordando la fuerza de su mirada verde cuando salió el tren. La canción acompañaba, "Another Reason To Believe", de Bon Jovi.

La dibujé de frente, con una mirada profunda  y penetrante, recreándome en cada trazo de esos enormes ojos almendrados y gatunos; me encantaban sus pestañas enormes, de esas que no necesitan maquillaje para atraparte en su mirada, y un pequeño detalle en la pupila de su ojo derecho que no podría describir. Tenía que tener la piel muy suave, eso se notaba nada más verla, y esa piel clara junto con la curva de su barbilla le daban ese toque de niña buena que le endulzaba el rostro. Sus labios no necesitaban maquillaje, cada línea era perfecta, y la proporción exquisita. Gracias a su piel clara resaltaba ese rosa pálido de sus labios, como los pétalos de una rosa recién florecida, dulces y carnosos.

Las cejas le daban carácter, mantenían la dulzura de la mirada añadiéndole el toque de picaresca que las complementaba, un toque juguetón que con las pecas le daba un aire a niña traviesa. Y como travesura propia de una colegiala, sin que yo me diera cuenta, me pilló, con voz melosa la escuché a mi lado, a solo un par de centímetros susurrándome "¿Esa soy yo?"

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No suelo comentar las historias que escribo, el describir a la musa que me inspiró es mi forma de agradecer su propia belleza, pero en este caso haré una excepción.

Mi musa de hoy tiene nombre y apellido, se llama Ángela Bouvier (al menos en internet, claro) y tiene un blog con el que hoy me he topado por casualidad. Leedlo, merece la pena; desde la primera línea te atrapa entre sus palabras, tanto que al terminar su primera entrada me picó la curiosidad y la busqué, cruzando un par de palabras con ella por Twitter, terminando por agregarla en Facebook.

En resumen le robé la foto de arriba para esta entrada, amén de intentar captar algo de su esencia entre estas líneas; es por eso que esta entrada se la dedico, por picarme la curiosidad y por esa sonrisa que ha encandilado a mi personaje. Os dejo con su blog:

http://angelabouvier.blogspot.com/


miércoles, 15 de febrero de 2012

El rincón de la abuela





Estaba seco. Después de los exámenes, trabajos y las discusiones con mi ex, mis musas decidieron irse de vacaciones. En el estudio tenía tres lienzos preparados, listos todos de empezar pero sin ningún boceto nuevo; en los últimos dos meses me había puesto al día con todo lo que tenía que pintar pero no había sacado nada nuevo. Faltaba algo.

Y no es que no hubiera cosas que pintar, jamás he sido de esos depresivos que dejan de ver los colores y se ocultan en un submundo gris en el que a todo le encontraban defecto, no. Seguía viendo la belleza en casa gota de rocío y atardecer… es solo que al bosquejar, perdía la noción de lo que quería transmitir: El árbol seguía siendo un árbol dibujado, y cualquier mujer que retratara no perdía su forma ¿Qué faltaba entonces?

Sentimiento, perdía en el bosquejo esa sensación, las líneas reflejaban el objeto, pero no transmitían emoción alguna, ni siquiera para mí, su dibujante… Era como si un río seco, en vez de dejar fluir una nueva lluvia hasta el mar, perdiera el agua bebiendo de ella, sin dejar nada en la superficie. Y quizá era eso, la razón por la que mi cuaderno de bocetos cada día adelgazaba más, con cien páginas arrancadas de dibujos vacíos. Necesitaba andar.

Me levanté a las ocho y media, y tras una ducha caliente salí a la calle. Hacía frío.

La trenca negra me cubría de ese viento huracanado que pocas veces encuentras por Madrid. Necesitaba eso, frío, viento… pero no ese aire pesado de la ciudad, no esas calles y personas con las que mil veces me había cruzado; necesitaba salir.

A la cuarta parada de la línea 10 llegué a Plaza Castilla, con sus mil dársenas ocultas de esa tormenta seca. No tenía dirección alguna, a saber dónde terminaría; seguí andando en línea recta, sorteando transeúntes hasta que se me acabó la estación: o daba media vuelta o bajaba las escaleras, opté por lo segundo. La línea 725 salía en ese momento, había una pequeña cola que iba saliendo hacia el autobús. Última estación Valdemanco.

Me gustaba el traqueteo del autobús, ese silencio tímido de gente que no se conoce pero que tiene que compartir espacio. Me dormí.

Me desperté por un badén con carácter, de esos que o tomas con cuidado o hacen saltar el autobús. Estábamos llegando a un pueblo que conocía, o que al menos me sonaba: Soto del Real. Ya había tenido cierta historia hace un par de años por estos lares.

Me bajé en el centro del pueblo, hacía aún más frío que en Madrid, pero sin el viento y con el sol se estaba a gusto. El aire se sentía puro, límpido, y del cielo caían pequeños cristalillos de nieve que se derretían al tocar el suelo, era un polvillo blanco, casi indistinguible; polvo de hada que bañaba el pueblo en San Valentín.

Tenía hambre, eran casi las diez de la mañana y no había desayunado, amén de que me hacía falta algún café para despertar. Seguí andando en dirección al pueblo, me apetecía algún lugar caliente, pero no tan lleno, algún rincón escondido donde pudiera dibujar.

Saliendo de la plaza del pueblo encontré una pequeña callejuela con un Maxcoop y un parquecillo al fondo, justo frente al supermercado encontré la cafetería donde desayunaría: El Rincón de la Abuela.

Me apetecían huevos revueltos. En la carta había más de diez desayunos distintos, me decanté por huevos con salchichas y patatas fritas, el perfecto brunch para un día improvisado. La camarera, Daisy, me saludó con una sonrisa y el café caliente. Se sentía casero y acogedor, y las pequeñas conversaciones de la gente se mezclaban en un ruido blanco que me dejaba no pensar.

Empecé a jugar con el lápiz al segundo café, no buscaba una forma concreta, solo divagar, vaciar la mente, encontrar algo que me llamara la atención. Fue entonces cuando la vi.

Diría que lo primero que me llamó la atención fue su pelo, un caoba rojizo casi carmesí que refulgía en el ambiente, y sin embargo fueron sus gafas, y no porque tuviesen nada en especial. Eran de montura negra y ancha, de esa que se había vuelto a poner de moda hace unos años, y es que su amiga, algo más alta y con el cabello más castaño, llevaba unas del mismo estilo.

Sin darme cuenta empecé a dibujarla, cambié la página y esbocé la mesa y muy brevemente la silueta de su amiga, un simple marco etéreo que me serviría de referencia.

El cabello escalonado le sentaba bien, es un corte que siempre me ha gustado en las mujeres que llevan el pelo largo, y ella lo llevaba hasta media espalda, liso y ligeramente despeinado. Me gustaban también sus manos, expresivas al hablar y de dedos ágiles. Combinaban perfectamente con esa voz suave y casi susurrante, calmada pero expresiva, animada y rápida por la emoción pese al tono sosegado. Y sin embargo se mordía las uñas, al menos la del pulgar, pero no siempre, quizá solo por exámenes o algún momento de tensión.

Tenía los labios rojos, carnosos, de esos que seducen en un instante al morderlo sensualmente con una mirada suplicante. Me gustaba así, a media frase, en media expresión, con los labios entreabiertos y esos dientes blancos como perlas asomando ligeramente. Seguro que tendría una sonrisa preciosa.

No sé si lo que llevaba era maquillaje, pero de ser así, tenía su mérito, pues el rubor en sus mejillas se veía completamente natural. Le pegaba tener pecas, con esa piel blanca y tersa seguramente las tendría, pero un mechón rebelde me tapaba la vista, dejando su mirada en el misterio. Lo que sí alcancé a vislumbrar fueron sus cejas, casi del mismo tono que su cabello, perfectamente delineadas como marco de su cara.

No sé qué edad tendría, quizá alrededor de diecinueve. Me perdía el contrapunto de sus labios y sonrisa con su cara de niña buena… quizá realmente no de niña buena, pero tampoco de pícara… Más de esas niñas buenas que en el fondo sabes que tienen miga, un toque de picaresca escondido en los labios y esa forma de sentir la vida.

Me gustaba su estilo, ese jersey gris de lana, ancho y largo hasta medio muslo y remangado por encima de sus codos. Llevaba botas de ante, de media caña y un marrón claro casi arena, contrapunto perfecto con los vaqueros azul marino y el gris de su jersey, y es que con el castaño y caoba de su chaqueta y pelo, llamaban la atención sin desentonar.

Y sin darme cuenta, acabé el boceto, con mil anotaciones al margen detallando todos los colores. Justo a tiempo, pues según terminaba el último trazo, vi como se levantaba para pagar.

Recogí rápidamente, poniéndome la trenca sin cerrar. El dibujo estaba terminado, con esa mirada en sombra que le regalaba el anonimato, pero quería ver sus ojos.

Yo ya había pagado, esos movimientos automáticos que se hacen sin pensar, así que necesitaba una excusa. Daisy, la camarera, me había tratado bien y la comida estuvo buena, con lo que una pequeña propina serviría como excusa.

Ella estaba pagando en el mostrador, sin prisa. Llegué justo cuando Daisy le daba el cambio y le solté un “Te has dejado esto encima de mi mesa”, mientras dejaba dos euros sobre el mostrador. Y entonces la pelirroja se dio la vuelta, tropezando conmigo y haciendo que mi cuaderno de bocetos cayera, abierto donde estaba el lápiz como marcador.

“Lo siento, no me fijé… Vaya” Tenía los ojos de un verde eléctrico, brillante; un verde esmeralda jaspeado, cálido y reconfortante"¿Esta... soy yo?"

viernes, 9 de diciembre de 2011

Y solo el hombre tropieza tres veces o más con la misma piedra.



Para: K
De: J


"Tenemos que hablar.


Antes que nada, no estoy enfadado; no es que hayas hecho nada malo, en absoluto. Lo que pasa es que ya he pasado por esto, sé lo que va a pasar y como acaba (como podría acabar), y no es buena idea.


Creo que deberíamos dejar de vernos. No es que esté enamorado de ti, ni que me gustes y me aleje para no arruinar tu relación; él no me cae bien, no me gusta para ti, por lo que tampoco intentaría sacrificarme por vuestro bien cuando sé que él realmente no te valora por tu esencia, además de que si realmente me gustaras, yo podría hacerte más feliz, sencillamente porque los defectos de los que él se queja, yo no los veo como tales. Si me alejo es precisamente porque aunque sería triste, si nos alejamos ahora mismo no nos haríamos daño porque todavía no somos tan importantes el uno para el otro, porque apenas nos conocemos.


No estoy enamorado de ti, pero me gustas como persona, como mujer. Me encanta esa pasión con la que hablas y la fuerza de tu mirada, la sinceridad de tus palabras. El problema es que nos conocimos en un mal momento, tú con problemas que no puedes resolver, yo con más ganas que nunca de tener a alguien con quien pueda soltarme, con quien pueda olvidarme de las normas y ser yo mismo, alguien a quien pueda abrazar y sentirme cómodo en ese abrazo; alguien con quien pueda desconectar el cerebro y solo sentir, sin guías ni ruedas de apoyo.


Tengo complejo de héroe, será parte de mi narcisismo. Si encuentro a alguien que me parece especial, intento mover cielo y tierra para ayudarle, para adelantarme a sus necesidades, sencillamente porque me hace feliz. Parece que me estuviera echando flores, pero no es eso, es puro egoísmo, disfruto haciéndolo porque me hace sentir bien, por la cara de gratitud reflejada en los otros, porque idiotamente espero encontrar a alguien que busque comportarse de igual forma conmigo.


Como héroe que soy (me creo) me muestro invencible, siempre una sonrisa en el rostro y una respuesta o consejo en la punta de la lengua; siempre tengo tiempo y siempre encuentro el momento o forma de estar ahí, olvidando cualquier problema o discusión si una de estas personas me necesita... y sin embargo me sigo sintiendo como aquel actor inglés a quien Juan de Dios Peza creo o describió en uno de sus poemas; sobretodo me siento identificado con sus cuatro últimos versos de "Reír Llorando (Garrick)"


<<¡Cuántos hay que, cansados de la vida,
enfermos de pesar, muertos de tedio,
hacen reír como el actor suicida,
sin encontrar para su mal remedio!


¡Ay! ¿Cuántas veces al reír se llora!
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora
el alma llora cuando el rostro ríe!


Si muere la fe, si huye la calma,
si solo abrojos nuestra planta pisa,
lanza a la faz la tempestad del alma
un relámpago triste: la sonrisa.


El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto,
y también a llorar con carcajadas.>>


Pero aunque tengo al mejor de los amigos, lo más que podría decirle es como me siento... ¿Para qué? ¿Qué utilidad tiene? A diferencia de Garrik, mi problema es la soledad, una cama vacía a la que regresar después de compartir camas ajenas. Perdona, me estoy yendo por las ramas.


A lo que iba es a que busco ser un héroe ficticio para olvidar ese vacío que tengo, para empatizar con los sentimientos de otra persona y resolverlos ya que no sé como olvidar los míos... con lo que al estar tú mal y teniéndote el cariño que te tengo, no podré evitar "sentir que tengo que ayudarte". Y probablemente podría, sé como sacarte una sonrisa y hacer que te olvides del mundo, eso se me da bien. Sé qué te hace feliz porque curiosamente te pareces a mí en ese sentido.


Según nos vamos conociendo nos damos cuenta que tenemos mucho en común; para bien o para mal ambos fuimos criados con el sistema americano, con valores americanos que nos llevan a disfrutar la vida poniendo todo sentimiento en lo que hacemos. Esto me recuerda terriblemente al monólogo de Goyo Jimenez sobre los americanos. Pero es que es verdad; en Europa poca gente se atreve o llega a sentir esa pasión por ir a hacer cualquier cosa, desde ir a una exposición como un concierto de rock, de expresar todo lo que sentimos o deseamos, de cuidar de otros por el simple hecho de que podemos, de buscar entender algo solo por tenerlo delante. Cada vez me doy más cuenta de la suerte que he tenido yo en ese sentido, de poder vivir la vida y no solo pasar por ella.


Y sintiéndome tan cercano, viendo que me es tan fácil soltarme y con la confianza que hemos cogido en poco tiempo, admito que te busco, que quiero hablar contigo, verte y quedar fuera de las paredes de nuestra universidad, ir a buscarte para pasarlo bien, sea o no con un plan determinado.


Pero no puedo, no podemos; no podemos precisamente porque para bien o para mal la vida no es un camino de rosas y como dice aquel refrán en inglés: "Shit happens". Y pese a la confianza, soy demasiado reciente, un conocido que te cae bien pero no un "amigo" que realmente te conozca o con quien hayas vivido las experiencias suficientes para poder contarnos todo. Eso es bueno, porque demuestra que no estamos locos ni somos unos inconscientes que dejamos pasar a cualquiera; en mi caso personal solo tengo a una persona a la que considere "de la familia" sin serlo.


Pero si estás mal y te tengo cariño no puedo evitar sentir que debo hacer algo, y más aún si justamente por esa razón no hemos podido quedar más que cuando nos encontramos en la universidad. No sé que hacer pero, como te digo, no es algo que me sea precisamente nuevo.


Me alejaré o mantendré distante, es lo que suelo hacer, intentando que tengas tiempo para resolver tus asuntos, pero en cuanto me digas que me echas de menos me sentiré mal, sobretodo porque yo también estaré echándote de menos. Y luego moveré cielo y tierra para sacarte sonrisas, para intentar entenderte y estar contigo cuando me lo necesites, necesitemos hablar o no. Y como te estaré tan pendiente de ti, viviendo tus alegrías y penas y anhelando encontrar alguna forma de verte, confundiré mis sentimientos. 


No soy adicto a ninguna droga, pero si el verte feliz me hace sentir feliz, mal que bien te necesitaré aunque no sea por ti misma y probablemente crea que me gustas aunque no sea verdad, y dado que sé todo lo que te estoy diciendo, viviré con la duda.


Además no puedo resolver tus problemas, porque los que tienes, todos los que tienes, no son realmente tuyos, sino que te son impuestos por personas a las que quieres y con las que compartes tu vida, son sus problemas, por lo que tampoco tú puedes ayudarlos.


Y si no puedo evitar que estés triste, si no puedo ser "esa parte de tu vida" que te hace sonreír, crecer como persona, ser feliz, fallaré como el falso héroe que pretendo ser. Si además no puedo estar contigo porque los problemas que tienes... ¿Qué pasará?


Es fácil la respuesta aunque no la solución. seré como un gorrión suicida dándome contra las paredes de una jaula de cristal, jaula de la que no te puedo sacar y que retumba con cada golpe que me doy. Y lo que podría haber sido una bellísima amistad o algo más en un futuro, si los planetas se alineasen...


No son ideas locas o pesimistas, es algo que sé que va a empezar a pasar, que está empezando. Y sinceramente no quiero hacerme daño inutilmente, ¿para qué? Si además te lastimo entonces ya pierde todo el sentido.


Y eso por eso que quiero despedirme ahora que puedo, con el corazón limpio y el cariño fresco. Pero tampoco quiero un "adios", quiero un "hasta luego" porque eres una chica genial que no quiero perder.


¿Es eso posible o estoy pidiendo demasiado?


Realmente no me gusta lo que estoy diciendo, me duele decirlo y pensarlo y quisiera pensar que es mentira, pero sé que no lo es. Pero diferencia de las otras chicas que he conocido, con las que me ha pasado esto, a ti te valoro demasiado como para querer seguir el mismo camino suicida porque sé que esta tormenta es pasajera, y que si nos resguardamos, podremos volvernos a ver sin sentimientos encontrados.


Y aunque creo saber que esta es la mejor opción, creo que no es la única, sé que no es la única... pero es la única que puede acabar bien si solo yo juego mis cartas. Pero si crees que hay otra forma, si te ves con valor o fuerzas y estás dispuesta a que nos busquemos juntos la vida para ser amigos, si hay algo que se me da bien es eso, luchar por lo que quiero y buscarme la vida.


Sea lo que sea, si me necesitas, sabes donde encontrarme, y si no quieres responderme lo entenderé y ya te buscaré cuando el vendaval haya pasado. Mientras tanto esperaré.


Pase lo que pase no me olvides y perdona esta forma de ser tan mía. Espero verte pronto, y si es más tarde que pronto solo recuerda que nunca olvidaré haberte conocido; eres y serás siempre para mí una chica especial.


Con cariño: J."

sábado, 5 de noviembre de 2011

Vacío



Y Terminó en silencio,
de forma discreta y en la oscuridad.
Como hojas que lleva el viento,
indiferentes a mi realidad.

Duró poco, no sé si realmente existió;
creí haberla encontrado,
por lo que el desencanto fue mayor

Hace tanto que te busco y adivino
que empiezo a dudar de la verdad de mi destino...
hasta hoy.

Y es que el brillo de los colores no se ha ido,
sigue el sol en lo alto, y por la noche el brillo;
este calor en el pecho me sigue confortando,
y estos últimos días la melancolía no duele tanto...

Sigo vivo, mi corazón late fuerte,
está libre de cadenas y de espinas;
no estoy solo, y apenas duele el día a día

Y aunque no estés, te siento en el ambiente
incluso aunque trates de esconderte.
Y el otro día te encontré disfrazada,
con cabello pelirrojo y verde la mirada te pillé.

Y en el fondo es una aventura el buscarte cada día,
encontrar esas miradas cómplices
sentir de refilón en roce de tus labios
y en cada esquina buscarte,
encontrarte una vez de miles.

Eres un espíritu libre, mi pequeña,
y creo haber aceptado que no podré llamarte mía, 
aunque siempre te sienta en mis venas
pues al sentirte mi corazón se acelera.

Y me despido por ahora, Mujer de Ojos Negros;
nos veremos pronto, quizá en la siguiente esquina.
No te digo adios sino hasta luego
Pues eres y serás siempre parte de mi vida.

jueves, 20 de octubre de 2011

Encuentro






Y apareciste difusa,
caminando entre la niebla;
una voz en el camino de este hijo de la tierra.


Y vació el tintero, desapareció la musa;
no hubo cuadro que sobreviviera,
y hasta las novelas nunca escritas se llevó.


Desperté.


Y ese muro invisible derribó con su presencia,
liberó mis emociones confinadas en el hielo y la amé…


Y me devolvió la inocencia que creía perdida,
desvaneció para siempre ese amor suicida;
reviví. No era carne y pensamiento, encontré mi corazón.


Y casi pierdo la razón mientras se iba,
nubes negras de tormenta y de dolor;
la desesperación y miedo sobre mí se cernían
y de largo y sin tocarme pasó el horror.


domingo, 9 de octubre de 2011

Creación




Te necesito vestida de negro,
con esa sonrisa sencilla, espontánea
y aquellos ojos negros…

Te quiero cual sombra en la noche,
de espaldas y sin verme,
fugaz e imprecisa; embriagadora.

Te quiero a mi lado y sin verte,
cual adorno del paisaje;
como vela en la noche y hoguera en el camino,
mi oasis, nada más.

Te amo de lejos, inalcanzable;
con ese perfil delicioso
y aquellos labios rojos que me llevan a besarte.

Te ansío sólo en aquellos segundos
en los que me abrazas o me tomas de la mano sin segundas intenciones,
acto instintivo en el que buscas protección.

Te quiero de lejos
y cuando lejos estás, te necesito;
no te quiero cuando te tengo y te necesito distante,
cuando apenas puedo dar una vista rápida a tu lejana figura.

Te quiero feliz, te quiero triste,
pero solo en aquellos primeros momentos
en los que sin verte, te percibo;
cuando estás y eres sin hacer nada,
cuando existes, nada más.

Te quiero desenfocada,
como aquella pintura opaca y nublada por los años;
donde la imaginación juega con la realidad,
donde tus facciones son cuadro y escultura,
existencia pasajera en la que amo el instante,
y te recuerdo como aquello que fuiste y eres,
lienzo de la perfección.

Me embelesas tan solo con el recuerdo de tu presencia,
energía tácita y sonora que inunda el ambiente sin siquiera estar en él;
eres la presencia existente que me acompaña,
ángel y milagro que se revela en un instante,
única y eterna,
intrínseca a mi ser.

Te quiero sin quererte,
de lejos y a distancia;
te quiero en una búsqueda irreal por tu amor,
como potencia y no acto,
como ilusión.

Milagro en el que creo y esperanza,
promesa de amor y de alegría,
y listón y meta a la que intento mas no quiero llegar.

Te busco por tu aroma,
por el roce de tu cabello sobre mi piel
por el primer gesto de tu sonrisa.
Te anhelo por la energía y alegría que desprendes cuando me ves,
cuando te veo,
mas solo en ese instante,
en el que busco y lucho por tu presencia,
en el que añoro tu compañía y cuando te vas;
cuando evoco tu recuerdo y me pierdo en la memoria,
cuando llegas y te encuentro,
nunca cuando estás.

Es un amor vacío y quimérico que va en contra de mis principios,
un amor que vive a milímetros de tu cuerpo
y tan solo a una fracción agoniza;
muere al encuentro,
renace en la despedida.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Soledad




Y cansado de soñarte,
esperar a que aparezcas,
entre copas de alcohol buscarte
si al final nunca te muestras.
He olvidado ya tu voz
y el sentido de mi vida,
que hasta pinto de vacía
por el frío en mi corazón.
Y sólo hay soledad
pese a hallarte en la multitud
vacío y frío sin piedad
con violencia, cual alud.
Misantropía en la gran ciudad
gotas saladas, agua del mar.
No son mis lágrimas…
hace mucho que dejé de llorar.

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